domingo, 19 de marzo de 2017

Mitos y Leyendas

Mitos y leyendas
Un mito (del griego μῦθος, mythos, «relato», «cuento») es un relato tradicional que se refiere a acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales como dioses, semidioses, héroes, monstruos o personajes fantásticos, los cuales buscan dar una explicación a un hecho o un fenómeno.
El mito es un relato explicativo, simbólico y dinámico, de uno o varios acontecimientos extraordinarios personales con referente trascendente, que carece en principio de testimonio histórico, se compone de una serie de elementos invariantes reducibles a temas y sometidos a crisis, presenta un carácter conflictivo, emotivo, funcional, ritual y remite siempre a una cosmogonía o a una escatología absolutas, particulares o universales.
Una leyenda es una narración de hechos naturales, sobrenaturales o una mezcla de ambos que se transmite de generación en generación en forma oral o escrita. Generalmente, el relato se sitúa de forma imprecisa entre el mito y el suceso verídico, lo que le confiere cierta singularidad.
Se ubica en un tiempo y lugar familiares a los miembros de una comunidad, lo que aporta cierta verosimilitud al relato. En las leyendas que presentan elementos sobrenaturales como milagros, presencia de criaturas feéricas o de ultratumba, etc. y estos sucesos se presentan como reales, forman parte de la visión del mundo propia o emic de la comunidad en la que se origina la leyenda.
En su proceso de transmisión a través de la tradición oral, las leyendas experimentan a menudo supresiones, añadidos o modificaciones culturales que dan origen a todo un mundo lleno de variantes. Las más comunes es la "cristalización" de leyendas paganas o la adaptación a la visión infantil, cuando el cambio de los tiempos ha reducido las antiguas cosmovisiones paganas a cuentos para niños.

Introducción
La inocencia del alma no se pierde nunca.
Gente de todas las partes y de todos los tiempos han escuchado y seguirán escuchando con una diáfana ingenuidad, los relatos, las tradiciones, las leyendas y las antiguas crónicas; unas que apenas soslayaron ojos ávidos y torpes en antiguos códices ideográficos, esotéricos y misteriosos, otras que aún yacen olvidados en polvosos y húmedos archivos, entre pergaminos carcomidos, en escritura de tinta desleída y caracteres dibujados por acuciosos monjes y “lenguas” que llegaron al conocimiento de los dos idiomas que en su tiempo prevalecieron en lo que hoy es América.
Y aún nos queda la herencia que hoy tratamos de registrar y rescatar, que es el relato de los viejos, las tradiciones y mitos orales que se han venido repitiendo de generación en generación en un legado cultural que de ningún modo debemos esquivar y desaprovechar:
Y así, tradiciones, leyendas y mitos, una mitología asombrosa de hechos increíbles en los que se mezclaban hombres y dioses, estrellas y animales, elementos y movimientos telúricos, con el devenir de los antiguos pobladores del Anáhuac, se han ido eslabonando estas hermosas cuentas de abalorio, esta encajería de una urdimbre que aún nos deleita y nos asombra y nos pone a pensar si en verdad han ocurrido tantos hechos, unos sombríos y sobrenaturales otros, y el motivo por el cual ya no ocurren.



A continuación un par de ejemplos de mitos
¿Xibechan?

Aguilar era un hombre extraordinario. Acometió las más difíciles empresas con éxito invariable. Todo Chumax pudo admirarle mil veces en las fiestas populares, en que se domeñaban toros y potros salvajes: una simple palmada bastábale para amansar al más fiero ejemplar. No es, por lo tanto, de extrañar el que en toda la región se le tuviera por brujo; había no poco misterio en la vida de aquel hombre fuerte, bueno, cordial, sí… pero extraño. Y he aquí cómo tales sospechas no eran infundadas.
Desde muy joven, Aguilar tuvo que trabajar para vivir. Su oficio no era muy envidiable: pastor de ganado. La verdad es que, a pesar de su afanoso interés, no demostraba excesivas aptitudes, lo que le valió más de una y más de dos palizas del capataz. El pobre muchacho sofocaba su rabia y volvía a la tarea: luchaba con las indisciplinadas reses o «discutía» con un burro viejo.no muy diligente, que le ayudaba a sacar el agua de la noria para llenar los bebederos. Y así se le pasaban las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio», sumido en mil tristes meditaciones y azares. Una noche oyó una voz que le decía: «¿Xibechan? (¿Eres hombre?) Lucha, pues, con tu destino; si quieres triunfar, dirígete por esta senda que está a tu derecha.» Impulsado por una fuerza interior, Aguilar obedeció. Al poco tiempo dio vista a una hermosa finca que jamás hasta entonces había existido en aquel lugar. Se dirigió hacia las puertas del corral, que se abrieron misteriosamente ante él; penetró y contempló con ojos maravillados la limpieza y el orden que allí reinaban: los bebederos, llenos de agua, esperaban al sediento ganado. Se encaramó al andén de la noria y allí se sentó, con los pies colgando; sobre él se cernía, estremecida por un fuerte viento, la noche oscura: lo que los indios llaman el akab hom. Hasta él llegó el rumor inconfundible de un rebaño que descendía confusamente del monte. Entre bramidos, que diríanse casi rugidos, entraron hasta treinta negros toros de amenazadora estampa, que se dirigieron hacia los bebederos. Bramó un enorme toro con tal fuerza, que todos callaron y se apartaron. Se adelantó, majestuoso, y avanzó hacia el bebedero. Durante largo rato bebió, y después de él bebieron los demás que al momento salieron. Él quedó en medio del corral, majestuoso y terrible. Aguilar, desde su puesto de observación, contemplaba la extraña escena. El toro escarbó con furia la tierra y con sus cuernos trazó dos profundos surcos. Luego alzó su testuz retadoramente y bramó con espantable furor. Y Aguilar oyó de nuevo una voz que le invitaba: «Ea, Aguilar, ahora probarás si eres hombre.» Y un brazo, cubierto de espeso vello, le tendió una saca. Con extraña serenidad, el desafortunado pastor se colocó frente a la fiera. Se inició un torneo de difícil y peligroso arte. Seis veces embistió furiosamente el toro; seis veces esquivó Aguilar el asalto con airosa valentía. Otra vez se dejó oír la voz: «Tu valor está probado.» Y en su mano apareció un cigarro de holoch, mientras el toro saltaba sobre el muro del corral, sin rozarlo. Nuevamente se abrieron las puertas ante Aguilar cuando, vencedor, regresó a su finca. Volvió la vista a los pocos pasos; ya no había sino el monte y el bosque de siempre. Llegó a su casa, sumido en extraño ensueño. En la puerta tropezó con un hombre fornido y mal encarado, que le gritó: «¡Maldito holgazánl Ven, que te espera el vergajo.»
No pudo resistir Aguilar tan desacordado choque con la realidad y contestó de mal modo. Picóse el otro; insolentóse Aguilar, y acabó por darle un enérgico bofetón. Como pesadas mazas, cayeron una y otra vez sobre Aguilar dos puños vigorosos. Una y otra vez los esquivó, mientras se reía burlonamente de la pesadez bovina de su rival.
Al fin cesó la lucha y Aguilar escuchó estas palabras: «Xibechan (Eres hombre). Cuenta siempre con mi ayuda, pues que has sabido vencer a Juan Tul. Una palmada te bastará para dominar a cualquier animal. Y en cualquier contingencia, si aspiras el humo de estos cigarros y llamas a Juan Tul, vencerás.» Éste era el misterio del prodigioso Aguilar.
La Vainilla


Cuentan que Xanath, hija de nobles totonacas, célebre por su belleza, vivía en un palacio cercano al centro ceremonial de Tajín, sede de su pueblo.
Cierto día en que la joven acudió a depositar una ofrenda sobre el plato colocado en el abdomen de Chac-Mool (“Mensajero Divino”), encontró casualmente a Tzarahuín (jilguero), un alegre doncel al que le agradaba silbar, y surgió entre ambos amor a primera vista.
Sin embargo, el romance mostró dificultades para prosperar, porque Tzarahuin era pobre y vivía en una choza humilde rodeada de tierra fértil en que abundaban las anonas, las piñas y las calabazas. A pesar de la diferencia de clases, los enamorados se reunían casi a diario, de manera fugaz, cuando el mancebo llevaba al mercado la cosecha de sus siembras, y en poco tiempo una sincera pasión se apoderó de sus corazones.
Una tarde en que Xanath pasó junto al templo sagrado de los nichos, la sorprendió la mirada penetrante del dios gordo, que se caracterizaba por su vientre abultado, la frente rapada y su triple penacho; y desde entonces el señor de la felicidad se dedicó a cortejarla. La doncella logró esquivarlo en un principio, mas el astuto dios encontró la forma de revelarle sus sentimientos y, al ser rechazado, su alegría habitual se tornó en cólera y amenazó a la joven con desatar la furia de Tajín, si no accedía a sus reclamos amorosos.
La advertencia hizo temblar de miedo a Xanath, pero no traicionó a Tzarahuín.
El astuto dios gordo resolvió entonces ganarse la confianza del padre de la joven para que influyera en el ánimo de Xanath. Lo invitó a su palacio, le reveló secretos divinos y cuando manifestó interés por la linda muchacha, recibió completo apoyo para casarse con ella.
Xanath hubo de soportar un mayor acoso del testarudo dios y su padre la obligó a aceptar una nueva cita, que resultaría fatal, pues luego de haber dado otra negativa al señor de la felicidad, éste, irritado, lanzó un conjuro sobre la doncella y la transformó en una planta débil de flores blancas y exquisito aroma: la vainilla.
Y si bien el dios creyó vengarse, lo cierto es que mientras de él existen sólo vagos recuerdos, en cambio, tenemos muy presente en nuestros días a la planta orquidácea cuya esencia es muy apreciada en la cocina y la pastelería de muchas partes del mundo.
Ahora un par de ejemplos de leyendas:

Leyenda de Juan de Ruiz

 

Existe una peña por el camino a Tlamacas donde según nos cuenta esta leyenda se aparece el demonio.
Se dice que hasta ahí se llegó un hombre pobre llamado Juan Ruiz y que hizo un pacto con el demonio firmándolo con su propia sangre. Después de este hecho, se dice que lo visitaba en su casa un hombre muy elegante y que se escuchaba como si descargara dinero. De ahí, Juan Ruiz se hizo rico. Al pasar el tiempo, él empezó a comportarse muy extraño e inquieto. Sus familiares, alarmados, lograron que confesara los motivos de su inquietud, él les dijo entonces que pagaría con su alma el pacto con el demonio. Pero lo más alarmante era que también parte de su familia entraba en el pacto. Poco después Juan Ruiz huyó al monte, sus familiares y vecinos se lanzaron en su búsqueda, armados de ceras, palmas y agua bendita. Casi lo alcanzaron cuando aún se hallaba muy lejos de la peña maldita, pero se dice que cuando estaban cerca de lograrlo, se apareció una nube negra y al desaparecer ésta, él ya iba muy lejos nuevamente.
Siguiendo sus huellas, descubrieron con mucho temor que una de sus pisadas era humana y que la otra era de un macho cabrío. Después encontraron uno de sus huaraches, y al llegar a la cueva de la peña encontraron el otro; las pisadas que hallaron eran totalmente de bestia. En la peña, a la entrada de la cueva, había un letrero escrito con sangre que decía: “aquí en esta cueva se da de alta Juan Ruiz”. La gente regresó al pueblo ya que nada pudieron hacer.
Con el paso del tiempo, la familia de Juan Ruiz volvió a quedar muy pobre.
Un día, en el Río de la Verdura, a la altura de la calle Xicoténcatl, el puente, de los cuales dos eran de Juan Ruiz. De manera inexplicable la corriente se llevó únicamente a los dos niños de Juan. Dos cuadras adelante lograron rescatar a uno de ellos y al otro lo rescataron hasta el pueblo vecino, donde se ensancha el río.
Nos dice la leyenda que muchos descendientes de Juan Ruiz han muerto en forma trágica. Los lugareños dicen que debido al pacto que él hizo con el, demonio.

El Cerro de la Bufa

 

Pocas ciudades como está tienen una historia y una leyenda tan interesante; tal vez por no conocerse su verdadero origen, la imaginación del hombre ha tejido ese velo de fantasía alrededor de Zacatecas.
Otra razón hay para que surgiera esta leyenda: la fabulosa riqueza de la plata que hubo y que hay en sus minas.
Fantasía y riqueza, dos ingredientes muy apropiadas para forjar una leyenda como la que vamos a referir.
Dícese que en ese pintoresco y bello picacho del cerro de la Bufa alienta una princesa encantada de rara hermosura, que en la mañana de cada uno de los jueves festivos del año, sale al encuentro del caminante varón, pidiéndole que le conduzca en brazos hasta el altar mayor de la que hoy es la Basílica de Zacatecas, y que al llegar a ese sitio volverá a esplender la ciudad encantada, toda de plata, que fue esta capital hace muchos años, y que ella, la joven del hechizo, recordará su condición humana.
Pero para romper este encantamiento hay condiciones precisas, tales como que el viajero, fascinado por la belleza de la joven que le llama, tenga la fuerza de voluntad suficiente para soportar varias pruebas; que al llevarla en sus brazos camine hacia adelante sin turbación y sin volver el rostro, no obstante escuche voces que le llamen y otros ruidos extraños que se produzcan a su espalda.
Si el elegido pierde la serenidad y voltea hacia atrás, entonces la bella muchacha se convierte en horrible serpiente y todo termina ahí.
La oferta es tentadora: una lindísima muchacha y una fortuna inacabable, pero ¿quién es galán con temple de acero que pueda realizar esta hazaña? Por lo visto las condiciones son precarias, pues Zacatecas, el Estado que hoy conocemos, tiene más de cuatro siglos de vida y no ha habido quién cumpla los requisitos para deshacer el hechizo.
Escritores y poetas nacen y mueren con mayor o menor galanura en el lenguaje todo repite la leyenda, como un canto a Zacatecas, a la Bufa y a la hermosa princesa encantada.
México está lleno de historias interesantes esto solo es una pequeña muestra de todo esto.




No hay comentarios:

Publicar un comentario