Mitos y leyendas
Un mito (del griego μῦθος, mythos,
«relato», «cuento») es un relato tradicional que se refiere a acontecimientos
prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales
como dioses, semidioses, héroes, monstruos o personajes fantásticos, los cuales
buscan dar una explicación a un hecho o un fenómeno.
El mito es un relato explicativo, simbólico y dinámico, de uno o
varios acontecimientos extraordinarios personales con referente trascendente,
que carece en principio de testimonio histórico, se compone de una serie de
elementos invariantes reducibles a temas y sometidos a crisis, presenta un
carácter conflictivo, emotivo, funcional, ritual y remite siempre a una
cosmogonía o a una escatología absolutas, particulares o universales.
Una leyenda es una narración de hechos
naturales, sobrenaturales o una mezcla de ambos que se transmite de generación
en generación en forma oral o escrita. Generalmente, el relato se sitúa de
forma imprecisa entre el mito y el suceso verídico, lo que le confiere cierta
singularidad.
Se ubica en un tiempo y lugar familiares a los miembros de una
comunidad, lo que aporta cierta verosimilitud al relato. En las leyendas que
presentan elementos sobrenaturales como milagros, presencia de criaturas
feéricas o de ultratumba, etc. y estos sucesos se presentan como reales, forman
parte de la visión del mundo propia o emic de la comunidad en la que se origina
la leyenda.
En su proceso de transmisión a través de la tradición oral, las
leyendas experimentan a menudo supresiones, añadidos o modificaciones
culturales que dan origen a todo un mundo lleno de variantes. Las más comunes
es la "cristalización" de leyendas paganas o la adaptación a la
visión infantil, cuando el cambio de los tiempos ha reducido las antiguas
cosmovisiones paganas a cuentos para niños.
Introducción
La inocencia del alma no se pierde nunca.
Gente de todas las partes y de todos los tiempos han escuchado y
seguirán escuchando con una diáfana ingenuidad, los relatos, las tradiciones,
las leyendas y las antiguas crónicas; unas que apenas soslayaron ojos ávidos y
torpes en antiguos códices ideográficos, esotéricos y misteriosos, otras que
aún yacen olvidados en polvosos y húmedos archivos, entre pergaminos
carcomidos, en escritura de tinta desleída y caracteres dibujados por acuciosos
monjes y “lenguas” que llegaron al conocimiento de los dos idiomas que en su
tiempo prevalecieron en lo que hoy es América.
Y aún nos queda la herencia que hoy tratamos de registrar y
rescatar, que es el relato de los viejos, las tradiciones y mitos orales que se
han venido repitiendo de generación en generación en un legado cultural que de
ningún modo debemos esquivar y desaprovechar:
Y así, tradiciones, leyendas y mitos, una mitología asombrosa de
hechos increíbles en los que se mezclaban hombres y dioses, estrellas y
animales, elementos y movimientos telúricos, con el devenir de los antiguos
pobladores del Anáhuac, se han ido eslabonando estas hermosas cuentas de
abalorio, esta encajería de una urdimbre que aún nos deleita y nos asombra y
nos pone a pensar si en verdad han ocurrido tantos hechos, unos sombríos y sobrenaturales otros, y el
motivo por el cual ya no ocurren.
A continuación un par de ejemplos de mitos
Aguilar era un hombre extraordinario. Acometió las más difíciles
empresas con éxito invariable. Todo Chumax pudo admirarle mil veces en las
fiestas populares, en que se domeñaban toros y potros salvajes: una simple
palmada bastábale para amansar al más fiero ejemplar. No es, por lo tanto, de
extrañar el que en toda la región se le tuviera por brujo; había no poco
misterio en la vida de aquel hombre fuerte, bueno, cordial, sí… pero extraño. Y
he aquí cómo tales sospechas no eran infundadas.
No pudo resistir Aguilar tan desacordado choque con la realidad y
contestó de mal modo. Picóse el otro; insolentóse Aguilar, y acabó por darle un
enérgico bofetón. Como pesadas mazas, cayeron una y otra vez sobre Aguilar dos
puños vigorosos. Una y otra vez los esquivó, mientras se reía burlonamente de
la pesadez bovina de su rival.
Al fin cesó la lucha y Aguilar escuchó estas palabras: «Xibechan
(Eres hombre). Cuenta siempre con mi ayuda, pues que has sabido vencer a Juan
Tul. Una palmada te bastará para dominar a cualquier animal. Y en cualquier
contingencia, si aspiras el humo de estos cigarros y llamas a Juan Tul,
vencerás.» Éste era el misterio del prodigioso Aguilar.
Cuentan que Xanath, hija de nobles totonacas, célebre por su
belleza, vivía en un palacio cercano al centro ceremonial de Tajín, sede de su
pueblo.
Cierto día en que la joven acudió a depositar una ofrenda sobre el
plato colocado en el abdomen de Chac-Mool (“Mensajero Divino”), encontró
casualmente a Tzarahuín (jilguero), un alegre doncel al que le agradaba silbar,
y surgió entre ambos amor a primera vista.
Sin embargo, el romance mostró dificultades para prosperar, porque
Tzarahuin era pobre y vivía en una choza humilde rodeada de tierra fértil en
que abundaban las anonas, las piñas y las calabazas. A pesar de la diferencia
de clases, los enamorados se reunían casi a diario, de manera fugaz, cuando el
mancebo llevaba al mercado la cosecha de sus siembras, y en poco tiempo una
sincera pasión se apoderó de sus corazones.
Una tarde en que Xanath pasó junto al templo sagrado de los
nichos, la sorprendió la mirada penetrante del dios gordo, que se caracterizaba
por su vientre abultado, la frente rapada y su triple penacho; y desde entonces
el señor de la felicidad se dedicó a cortejarla. La doncella logró esquivarlo
en un principio, mas el astuto dios encontró la forma de revelarle sus
sentimientos y, al ser rechazado, su alegría habitual se tornó en cólera y
amenazó a la joven con desatar la furia de Tajín, si no accedía a sus reclamos
amorosos.
La advertencia hizo temblar de miedo a Xanath, pero no traicionó a
Tzarahuín.
El astuto dios gordo resolvió entonces ganarse la confianza del
padre de la joven para que influyera en el ánimo de Xanath. Lo invitó a su
palacio, le reveló secretos divinos y cuando manifestó interés por la linda
muchacha, recibió completo apoyo para casarse con ella.
Xanath hubo de soportar un mayor acoso del testarudo dios y su
padre la obligó a aceptar una nueva cita, que resultaría fatal, pues luego de
haber dado otra negativa al señor de la felicidad, éste, irritado, lanzó un
conjuro sobre la doncella y la transformó en una planta débil de flores blancas
y exquisito aroma: la vainilla.
Y si bien el dios creyó vengarse, lo cierto es que mientras de él
existen sólo vagos recuerdos, en cambio, tenemos muy presente en nuestros días
a la planta orquidácea cuya esencia es muy apreciada en la cocina y la
pastelería de muchas partes del mundo.
Ahora un par de ejemplos de leyendas:
Leyenda de Juan de Ruiz
Existe una peña por el camino a Tlamacas donde según nos cuenta
esta leyenda se aparece el demonio.
Se dice que hasta ahí se llegó un hombre pobre llamado Juan Ruiz y
que hizo un pacto con el demonio firmándolo con su propia sangre. Después de
este hecho, se dice que lo visitaba en su casa un hombre muy elegante y que se
escuchaba como si descargara dinero. De ahí, Juan Ruiz se hizo rico. Al pasar
el tiempo, él empezó a comportarse muy extraño e inquieto. Sus familiares,
alarmados, lograron que confesara los motivos de su inquietud, él les dijo
entonces que pagaría con su alma el pacto con el demonio. Pero lo más alarmante
era que también parte de su familia entraba en el pacto. Poco después Juan Ruiz
huyó al monte, sus familiares y vecinos se lanzaron en su búsqueda, armados de
ceras, palmas y agua bendita. Casi lo alcanzaron cuando aún se hallaba muy
lejos de la peña maldita, pero se dice que cuando estaban cerca de lograrlo, se
apareció una nube negra y al desaparecer ésta, él ya iba muy lejos nuevamente.
Siguiendo sus huellas, descubrieron con mucho temor que una de sus
pisadas era humana y que la otra era de un macho cabrío. Después encontraron
uno de sus huaraches, y al llegar a la cueva de la peña encontraron el otro;
las pisadas que hallaron eran totalmente de bestia. En la peña, a la entrada de
la cueva, había un letrero escrito con sangre que decía: “aquí en esta cueva se
da de alta Juan Ruiz”. La gente regresó al pueblo ya que nada pudieron hacer.
Con el paso del tiempo, la familia de Juan Ruiz volvió a quedar
muy pobre.
Un día, en el Río de la Verdura, a la altura de la calle
Xicoténcatl, el puente, de los cuales dos eran de Juan Ruiz. De manera
inexplicable la corriente se llevó únicamente a los dos niños de Juan. Dos
cuadras adelante lograron rescatar a uno de ellos y al otro lo rescataron hasta
el pueblo vecino, donde se ensancha el río.
Nos dice la leyenda que muchos descendientes de Juan Ruiz han
muerto en forma trágica. Los lugareños dicen que debido al pacto que él hizo
con el, demonio.
El Cerro de la Bufa
Pocas ciudades como está tienen una historia y una leyenda tan
interesante; tal vez por no conocerse su verdadero origen, la imaginación del
hombre ha tejido ese velo de fantasía alrededor de Zacatecas.
Otra razón hay para que
surgiera esta leyenda: la fabulosa riqueza de la plata que hubo y que hay en
sus minas.
Fantasía y riqueza, dos ingredientes muy apropiadas para forjar
una leyenda como la que vamos a referir.
Dícese que en ese pintoresco y bello picacho del cerro de la Bufa
alienta una princesa encantada de rara hermosura, que en la mañana de cada uno
de los jueves festivos del año, sale al encuentro del caminante varón,
pidiéndole que le conduzca en brazos hasta el altar mayor de la que hoy es la
Basílica de Zacatecas, y que al llegar a ese sitio volverá a esplender la
ciudad encantada, toda de plata, que fue esta capital hace muchos años, y que
ella, la joven del hechizo, recordará su condición humana.
Pero para romper este encantamiento hay condiciones precisas,
tales como que el viajero, fascinado por la belleza de la joven que le llama,
tenga la fuerza de voluntad suficiente para soportar varias pruebas; que al llevarla
en sus brazos camine hacia adelante sin turbación y sin volver el rostro, no
obstante escuche voces que le llamen y otros ruidos extraños que se produzcan a
su espalda.
Si el elegido pierde la serenidad y voltea hacia atrás, entonces
la bella muchacha se convierte en horrible serpiente y todo termina ahí.
La oferta es tentadora: una lindísima muchacha y una fortuna
inacabable, pero ¿quién es galán con temple de acero que pueda realizar esta
hazaña? Por lo visto las condiciones son precarias, pues Zacatecas, el Estado
que hoy conocemos, tiene más de cuatro siglos de vida y no ha habido quién
cumpla los requisitos para deshacer el hechizo.
Escritores y poetas nacen y mueren con mayor o menor galanura en el
lenguaje todo repite la leyenda, como un canto a Zacatecas, a la Bufa y a la
hermosa princesa encantada.
México está lleno de historias interesantes esto solo es una
pequeña muestra de todo esto.





No hay comentarios:
Publicar un comentario